21 de marzo, Día Mundial de la Poesía: cuando la palabra celebra su misterio

Hay fechas que honran batallas, inventos o tratados. Pero hay otras —más sutiles, más hondas— que celebran lo invisible: el latido de una emoción, la arquitectura de un suspiro, la música de una idea. El 21 de marzo es una de esas fechas: el Día Mundial de la Poesía.

ACTUALIDAD - CULTURA21/03/2025NeuquenNewsNeuquenNews
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La UNESCO lo estableció en 1999, pero la celebración es, en verdad, mucho más antigua. Porque cada vez que alguien transforma el dolor en canto o el amor en verso, está celebrando la poesía. Cada vez que una lengua se pliega sobre sí misma para decir más de lo que puede, la poesía está presente. No necesita escenario, ni tribuna, ni ceremonia: le basta una boca, un papel, o el silencio.

La poesía fue primero
Antes que los tratados, las novelas o los periódicos, estuvo el poema. Fue la primera forma en que la humanidad intentó atrapar el mundo con palabras. No por capricho estético, sino por necesidad: el ritmo ayudaba a recordar, la rima preservaba el relato. Así nacieron epopeyas como el Poema de Gilgamesh, tallado en tablillas hace más de cuatro mil años, o La Ilíada, que Homero —o quien haya sido Homero— recitó antes de que Grecia supiera escribirse.

Eran relatos de héroes, dioses y guerras, sí, pero también de miedos, sueños y preguntas esenciales. ¿Qué es ser mortal? ¿Qué perdura? ¿Qué se rompe? Preguntas que seguimos haciéndonos, aunque ahora las formule un adolescente en un cuaderno, una madre en su cocina o un poeta en el exilio.

¿Por qué el 21 de marzo?
La elección no fue azarosa: el 21 de marzo es, en el hemisferio norte, el equinoccio de primavera. El día en que la luz y la sombra se equilibran por un instante, como si el mundo respirara hondo. La primavera, símbolo universal de renacimiento, armoniza con la vocación de la poesía de renovar el lenguaje, de devolverle al mundo su capacidad de asombro.

Celebrar la poesía en esta fecha es, en cierto modo, reconocer que hay algo en la palabra poética que florece incluso en la intemperie. Algo que no se rinde al cálculo, que desafía la utilidad, que se cuela en los pliegues de lo cotidiano para sacudirnos el alma.

Poesía en tiempos difíciles
Quien crea que la poesía es un lujo prescindible en tiempos de crisis, no ha entendido su raíz profunda. La poesía ha sido, históricamente, escudo y lanza. Voz de los sin voz. Lengua de la resistencia. En los campos de concentración, en los pasillos de los hospitales, en las cárceles y las guerras, hubo siempre quien escribió versos en servilletas, en márgenes de libros, en las paredes.

Y también en la alegría. En el erotismo, en la contemplación, en la infancia. Porque la poesía no es solo denuncia: es también juego, caricia, misterio. Es la lengua que emplea el mundo cuando quiere decir algo que no cabe en los informes ni en los discursos.

Una forma de estar en el mundo
Leer poesía no es solo leer versos. Es cambiar el modo de mirar. Es afinar el oído a lo que no hace ruido. Es, a veces, permitirnos sentir sin tener que explicar. Por eso, en este Día Mundial de la Poesía, más que conmemorar, quizás convenga simplemente detenerse. Abrir un libro. O una herida. O una ventana. Y dejar que la palabra haga su trabajo: ese trabajo invisible y esencial de recordarnos que somos humanos porque somos capaces de imaginar belleza.

Como escribió Juan Gelman:
"la poesía no se escribe con palabras, / se escribe con actos, / con gestos de amor, / con los ojos que miran más allá."

Que el 21 de marzo nos recuerde eso. Que cada día —con sus prisas, sus urgencias y sus ruidos— esconda también un verso posible.

 

📚 Cinco voces poéticas para leer hoy (y siempre)
En este Día Mundial de la Poesía, compartimos cinco poetas contemporáneos de Argentina que han sabido habitar el lenguaje con autenticidad, belleza y verdad:

1. Diana Bellessi
Poeta del paisaje, del cuerpo y de la vida cotidiana, Bellessi escribe desde la tierra, la experiencia y la ternura. Su poesía es como una conversación íntima con lo sagrado que habita lo simple.

“Mi casa es el lenguaje, / lo demás lo he perdido todo.”

2. Juan Gelman
Una de las voces más profundas y desgarradoras de la literatura argentina. Su obra atraviesa el amor, la pérdida, el exilio y la memoria con una intensidad inconfundible.

“Te quiero porque tu boca / sabe gritar rebeldía.”

3. Olga Orozco
Poeta de lo onírico, de lo misterioso y lo simbólico. Su obra parece susurrar desde otro plano de la realidad, con imágenes que cruzan lo místico y lo emocional.

“Quiero ser el temblor de una hoja / cuando el viento ha pasado.”

4. Fabián Casas
Dueño de un lenguaje directo y urbano, Casas mezcla filosofía, fútbol, familia y rock en poemas que capturan el espíritu de una época sin solemnidad pero con hondura.

“Escribir es robarle tiempo a la muerte.”

5. María Negroni
Con una poesía que es a la vez ensayo, hechizo y plegaria, Negroni explora el borde entre el sueño y la vigilia, entre la lengua y el abismo.

“La poesía no sirve para nada, dicen. / Menos mal.”
 
🌿 ¿Y vos, a qué poeta volverías hoy?
Compartí un verso, un libro o una voz que te haya marcado. Porque, como decía Alejandra Pizarnik: “la poesía es un destino y no una vocación”.

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