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"La Gran Depresión": EEUU manda señales desde su pasado al modelo económico de Milei

La Gran Depresión transformó la forma en que los gobiernos y economistas entendieron la política económica, llevando a un mayor control estatal y a la adopción de políticas keynesianas de intervención en el mercado para evitar futuros colapsos.
DE NUESTRA REDACCIÓN30/09/2024NeuquenNewsNeuquenNews
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La Gran Depresión

La crisis económica de 1929, conocida como la Gran Depresión, fue uno de los eventos más devastadores en la historia económica de Estados Unidos y el mundo. Se inició con el colapso de la Bolsa de Nueva York el 24 de octubre de 1929, conocido como el "Jueves Negro", y marcó el comienzo de una profunda recesión global que afectó a todos los sectores de la economía.

La crisis de 1929 no solo fue el resultado de la especulación financiera, sino también de profundas desigualdades económicas en la sociedad estadounidense. La concentración de riqueza en manos de unos pocos tuvo un papel fundamental en el desencadenamiento y la gravedad de la Gran Depresión.

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La concentración de riqueza en los años 20

Durante los "locos años veinte", Estados Unidos vivió una era de crecimiento económico significativo. Sin embargo, los beneficios de este crecimiento no se distribuyeron de manera equitativa. Gran parte de la riqueza se concentró en un pequeño porcentaje de la población, mientras que la mayoría de los ciudadanos no vio mejoras significativas en sus ingresos.

- Distribución desigual de la riqueza: Según estimaciones, en 1929, el 1% de los más ricos controlaba aproximadamente el 40% de la riqueza total del país, mientras que el 93% inferior de la población solo tenía acceso al 60% restante. Esta concentración de riqueza generó un desequilibrio en el poder adquisitivo de la población.

- Estancamiento salarial: Mientras que las grandes empresas y los más ricos acumulaban ganancias, los salarios de los trabajadores se mantenían prácticamente estancados. Esto creó una desconexión entre la capacidad de consumo de la mayoría y la producción masiva de bienes, lo que resultó en un exceso de oferta en el mercado.

Consecuencias de la desigualdad en la demanda

Este desequilibrio en la distribución de la riqueza afectó profundamente la demanda agregada. La mayoría de los estadounidenses no tenía el poder adquisitivo necesario para mantener el nivel de consumo que requería la economía. Mientras tanto, los más ricos invertían en la bolsa y en activos especulativos en lugar de gastar su dinero en bienes de consumo.

- Burbuja especulativa: Los inversionistas más ricos no utilizaban su dinero para generar demanda en la economía real (comprando bienes y servicios), sino que lo invertían en el mercado de valores. Esta especulación masiva infló artificialmente los precios de las acciones, contribuyendo a la formación de una burbuja financiera que, al estallar, desencadenó el colapso de la bolsa en octubre de 1929.

- Crédito insostenible: Ante la falta de ingresos, los consumidores de la clase media y baja comenzaron a depender cada vez más del crédito para poder adquirir bienes. Las compras de automóviles, electrodomésticos y viviendas se financiaban en gran medida con préstamos, creando una burbuja de deuda que estalló cuando la crisis golpeó. Sin ingresos suficientes para pagar sus deudas, millones de estadounidenses se vieron incapaces de cumplir con sus obligaciones, lo que amplió el impacto de la crisis.

Impacto en la producción

La concentración de riqueza también afectó a la producción industrial. En lugar de diversificar la economía y crear un mercado amplio basado en un consumo sostenido por toda la población, las empresas producían en exceso para satisfacer una demanda que no existía. Esto generó una acumulación de inventarios no vendidos y una eventual desaceleración de la actividad económica.

Cuando la burbuja especulativa estalló y el consumo se desplomó, las fábricas y las empresas comenzaron a reducir la producción, lo que resultó en despidos masivos. Esto, a su vez, agravó la crisis al reducir aún más el poder adquisitivo de los consumidores, generando un círculo vicioso de caída de la demanda y aumento del desempleo.

"Paradoja de la riqueza"

La concentración de riqueza exacerbó lo que el economista John Maynard Keynes llamaría la "paradoja de la riqueza". En esencia, la acumulación de capital en manos de unos pocos crea una ilusión de prosperidad, pero al final, esa concentración limita la capacidad de una economía de crecer de manera sostenible. Los ricos pueden ahorrar más dinero, pero esos ahorros no se reinvierten en la economía de manera productiva, y la falta de consumo masivo lleva a una desaceleración.

Este desequilibrio no solo fue un factor que contribuyó al colapso de 1929, sino que también explica por qué la recuperación de la economía fue tan lenta. Hasta la implementación del New Deal, que buscó redistribuir la riqueza y estimular la demanda a través de obras públicas y reformas sociales, la economía permaneció estancada.

Consecuencias políticas y sociales

La Gran Depresión no solo tuvo consecuencias económicas, sino también profundas repercusiones sociales y políticas. La concentración de riqueza y las enormes disparidades entre ricos y pobres alimentaron una sensación de injusticia social. Este sentimiento de desigualdad condujo al surgimiento de movimientos populistas y extremistas, tanto en Estados Unidos como en Europa. 

En Estados Unidos, el New Deal de Franklin D. Roosevelt surgió como respuesta a la demanda de una mayor equidad económica y la intervención del gobierno en la redistribución de la riqueza. En Europa, la crisis contribuyó al auge del fascismo y otras ideologías totalitarias, ya que muchos ciudadanos desesperados buscaban soluciones drásticas.

La concentración de riqueza en unos pocos fue uno de los factores clave que propició la crisis de 1929. Al reducir el poder adquisitivo de la mayoría de los estadounidenses, socavó la base de la economía de consumo. Al mismo tiempo, alimentó la especulación bursátil y generó un sistema financiero frágil que colapsó ante el primer signo de debilidad. Las lecciones de la Gran Depresión resaltan la importancia de una distribución más equitativa de la riqueza para garantizar una economía sostenible y evitar el tipo de colapso devastador que se vivió en esa época.

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SISTEMA TRIBUTARIO:

La fantasía de la "economía del goteo"

En el momento de la crisis de 1929, el sistema tributario de Estados Unidos era considerablemente diferente al que existe hoy en día. Antes del colapso del mercado, el país había experimentado una serie de reducciones de impuestos, particularmente durante la administración del presidente Calvin Coolidge (1923-1929) y su secretario del Tesoro, Andrew Mellon, quien defendía la idea de que los impuestos bajos para los ricos impulsarían el crecimiento económico mediante una mayor inversión y actividad empresarial. Esta política era conocida como la teoría de la oferta o "trickle-down", similar a lo que hoy se denomina "economía del goteo".

Características del sistema tributario en los años 20:

1. Impuestos a las rentas muy bajos para las élites: 
   Durante la década de 1920, los impuestos sobre la renta para los más ricos fueron reducidos de manera drástica. En 1921, la tasa marginal superior del impuesto sobre la renta era del 73%, pero para 1925, bajo la influencia de las políticas de Mellon, esta tasa se redujo al 25%. El argumento detrás de esta reducción era que los impuestos más bajos aumentarían la inversión empresarial y generarían un mayor crecimiento económico. Sin embargo, esto también contribuyó a una mayor concentración de riqueza y alimentó la especulación en el mercado bursátil.

2. Baja recaudación del gobierno: 
   La recaudación de impuestos era limitada en relación con las necesidades del país, ya que las tasas bajas no generaban ingresos suficientes para el gobierno. Esto llevó a un sistema tributario regresivo, donde los ingresos del gobierno dependían más de impuestos indirectos, como los aranceles y los impuestos sobre el consumo, que tienden a afectar más a las clases bajas.

3. Aranceles elevados: 
   Uno de los pilares del sistema tributario era la imposición de aranceles sobre productos importados, que se utilizaron para proteger la industria estadounidense de la competencia extranjera. La Ley Arancelaria de 1922 (Fordney-McCumber) y, más tarde, la Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930 impusieron altos aranceles, lo que, si bien en teoría debía proteger a las industrias nacionales, terminó por exacerbar la crisis económica global al reducir el comercio internacional. Estos aranceles fueron una fuente importante de ingresos para el gobierno, pero también causaron tensiones comerciales con otros países.

4. Falta de impuestos sobre el capital:
   Otro problema era la falta de impuestos progresivos sobre las ganancias de capital. Esto permitió que los inversores especularan con acciones y otros activos sin pagar una parte justa de impuestos sobre sus ganancias, lo que incentivó la burbuja especulativa en el mercado bursátil que culminó en el "Jueves Negro" de 1929.

5. Desigualdad fiscal: 
   A pesar de las reducciones de impuestos a las rentas más altas, las clases trabajadoras y los agricultores enfrentaban cargas fiscales desproporcionadas a través de impuestos al consumo y aranceles. La brecha entre ricos y pobres se amplió, ya que los impuestos sobre los ingresos y la riqueza de las élites eran extremadamente bajos, mientras que los consumidores más pobres pagaban una proporción mayor de sus ingresos en impuestos indirectos.

Impacto de este sistema en la crisis de 1929:

Este sistema tributario contribuyó a la concentración de riqueza en las élites, lo que redujo el poder adquisitivo de las clases medias y bajas, afectando la demanda de bienes y servicios. Además, la falta de una red de seguridad social financiada por impuestos sólidos significó que, cuando la economía se derrumbó, no había suficientes mecanismos de redistribución o soporte del gobierno para amortiguar el golpe.

Cuando la crisis golpeó, el gobierno federal se vio limitado en su capacidad para responder debido a la baja recaudación y a una estructura fiscal que no permitía intervenciones económicas efectivas.

No fue hasta que el presidente Franklin D. Roosevelt implementó el New Deal que el sistema tributario comenzó a reformarse para aumentar la progresividad, introduciendo mayores tasas de impuestos sobre la renta y el capital, con el fin de redistribuir la riqueza y estabilizar la economía.

El sistema tributario de los años 20, con impuestos bajos para los ricos y una fuerte dependencia de los aranceles, exacerbó las condiciones que llevaron a la crisis de 1929.

La concentración de riqueza en unos pocos y la falta de una estructura fiscal que pudiera soportar la demanda interna y las redes de seguridad social contribuyeron a la magnitud de la Gran Depresión.

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