
La declaración de bancarrota de Lovo Inc., desarrolladora de la plataforma de voces sintéticas Genny, volvió a poner bajo la lupa una de las cuestiones más polémicas de la inteligencia artificial: el uso de voces humanas sin consentimiento para entrenar modelos capaces de replicarlas, comercializarlas y utilizarlas como si fueran propias.














