
25 de abril: Italia celebra el Día de la Liberación y recuerda que la democracia también se construyó con sangre
NeuquenNewsRoma, Milán, Turín. Cada 25 de abril, las ciudades italianas se llenan de banderas tricolores, claveles rojos y el sonido inconfundible de Bella ciao, el himno de la Resistencia partisana que cruzó fronteras y décadas para convertirse en símbolo universal de lucha antifascista. Hoy, a ochenta y un años exactos del fin de la ocupación nazi en Italia, la Festa della Liberazione conserva toda su carga política y emotiva —quizás más que nunca.
El 25 de abril de 1945 no fue solo un día más en el calendario de la Segunda Guerra Mundial. Fue el día en que el Comité de Liberación Nacional ordenó la insurrección general en el norte de Italia, acelerando la retirada alemana y precipitando el colapso del régimen de la República Social Italiana, el Estado títere que Mussolini había encabezado desde su rescate por comandos nazis en 1943. Dos días después, el Duce era ejecutado en Giulino di Mezzegra, a orillas del lago Como, y su cuerpo colgado boca abajo en la Piazzale Loreto de Milán. La guerra, en Italia, había terminado.
Una liberación desde adentro
Lo que distingue al caso italiano dentro del relato de la Segunda Guerra Mundial es la singularidad de su Resistencia. A diferencia de otros países ocupados donde la liberación llegó casi exclusivamente desde afuera, en Italia existió un movimiento partisano robusto, plural y organizado que contribuyó activamente a expulsar al invasor. Se calcula que entre 100.000 y 300.000 hombres y mujeres combatieron en las brigadas partisanas, una cifra que no incluye a la vasta red civil de apoyo, los llamados staffette —en su mayoría mujeres jóvenes— que transportaban armas, mensajes y medicamentos bajo la nariz de las SS.
Esa participación activa es la que otorga al 25 de abril su carácter fundacional. No es solo la conmemoración de una derrota militar del enemigo: es el acta de nacimiento de la República Italiana. La Constitución de 1948, considerada una de las más avanzadas del mundo occidental, fue redactada en gran medida por protagonistas de la Resistencia, y su articulado lleva las huellas de quienes habían vivido en carne propia lo que significaba perder las libertades fundamentales.
La incomodidad del aniversario
No obstante, sería ingenuo presentar esta fecha como un momento de reconciliación apacible. El 25 de abril sigue siendo, en Italia, un campo de batalla político. La derecha postfascista, hoy representada en el gobierno por la coalición que encabeza Giorgia Meloni —primera ministra cuyo partido, Fratelli d'Italia, tiene raíces directas en el Movimento Sociale Italiano fundado por ex cuadros del fascismo—, ha mantenido históricamente una relación ambigua con esta conmemoración.
Meloni ha declarado que el antifascismo forma parte de su historia personal, pero ha evitado sistemáticamente participar en los actos oficiales del 25 de abril. Sus aliados de la Lega, encabezados por Matteo Salvini, han ido más lejos, relativizando el significado de la fecha o directamente ausentándose de los actos. Para amplios sectores de la izquierda italiana, esa ambigüedad no es inocente: es la continuación de una incomodidad estructural con los valores fundacionales de la República.
La tensión se reedita cada año. En 2024, las concentraciones del 25 de abril en Milán y otras ciudades convocaron a centenares de miles de personas bajo la consigna de que la democracia no se hereda, se defiende. Los organizadores apuntaron directamente a lo que consideran un avance de la derecha sobre instituciones clave y a la retórica de un gobierno que, sostienen, no termina de ajustar cuentas con su propio pasado.
El himno que no envejece
Bella ciao —cuyo origen preciso sigue siendo objeto de debate entre musicólogos, aunque su difusión masiva durante la Resistencia es indiscutible— ha tenido en las últimas décadas una segunda vida global sorprendente. La serie española La casa de papel la exportó a audiencias de todo el mundo que ignoraban su historia, provocando una paradoja: una canción nacida del antifascismo europeo se convirtió en banda sonora pop de una generación que la escucha sin saber exactamente qué celebra.
En Italia, esa popularización genera sentimientos encontrados. Para muchos partisanos sobrevivientes y sus descendientes, la banalización de Bella ciao es un precio incómodo de pagar. Para otros, que el himno siga sonando —aunque sea en una discoteca de Ibiza— es en sí mismo una victoria de la memoria.
Memoria, identidad y democracia
El verdadero desafío del 25 de abril no es el pasado, sino el presente. En toda Europa, las democracias construidas sobre las ruinas de la guerra enfrentan el avance de fuerzas que cuestionan las instituciones liberales, que relativizan el horror del totalitarismo o que directamente lo reivindican con eufemismos. Italia no es una excepción; en muchos sentidos, es el laboratorio donde ese proceso se observa con mayor nitidez precisamente porque el peso del pasado es allí más explícito.
Celebrar el 25 de abril, entonces, no es solo rendir homenaje a quienes murieron en las montañas y los campos de batalla. Es también preguntarse qué se hace con esa herencia, cómo se traduce en instituciones fuertes, en prensa libre, en justicia independiente, en una cultura que resiste la tentación del hombre fuerte y la solución sencilla.
La Festa della Liberazione dura un día en el calendario. La liberación, como saben quienes la construyeron, es una tarea que no termina nunca.
Ochenta años. Las flores se depositan sobre las tumbas partisanas, el canto suena en las plazas, los discursos se pronuncian con mayor o menor convicción. Y la pregunta que dejaron los que combatieron —¿de qué lado estás?— sigue esperando respuesta.


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