
¿Israel es aliado de Argentina? Cuando por plata se olvidan de los amigos
​La política exterior de la administración actual se ha cimentado sobre un eje innegociable: el alineamiento irrestricto con Israel y Estados Unidos. Sin embargo, la reciente confirmación de que la empresa israelí Navitas Petroleum liderará la explotación de petróleo en el yacimiento Sea Lion, al norte de las Islas Malvinas, pone bajo el foco la fragilidad de las relaciones carnales cuando entran en juego los dividendos energéticos.
​Con una inversión que supera los 2.000 millones de dólares en proyecciones de infraestructura y logística, Navitas se asoció con la británica Rockhopper Exploration para extraer crudo en territorio que Argentina reclama como propio. A pesar de los gestos de camaradería en foros internacionales, la empresa de Israel decidió avanzar en una zona donde el Reino Unido otorga permisos que Naciones Unidas califica como unilaterales y violatorios de la resolución 31/49, dejando en claro que para ellos los negocios siempre irán por encima de la diplomacia.
​La contradicción es profunda. Mientras el Gobierno nacional celebra cada acercamiento con el Estado de Israel como un triunfo de la civilización occidental, las corporaciones de ese origen económico consolidan un acuerdo con Londres que ignora la soberanía argentina. Es la cruda realidad de la política internacional de estos tiempos: la amistad termina donde empieza el pozo petrolero.
​Navitas Petroleum no es una desconocida para la justicia argentina. Desde el 2022, la empresa se encuentra inhabilitada por 20 años por la Secretaría de Energía para operar en nuestro país, tras haber realizado actividades de exploración sin autorización en la plataforma continental. Rockhopper, su socia británica, arrastra una prohibición similar desde 2013.
​El silencio o la respuesta tibia ante este avance no solo debilita el reclamo histórico por las islas, sino que expone un flanco débil en la estrategia de seducción de Javier Milei hacia Benjamin Netanyahu y Donald Trump. El entusiasmo de los abrazos y las banderas parece no ser suficiente para que Israel o Washington pongan un freno a sus empresas en favor de los intereses de su nuevo mejor amigo en el Sur.
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"​La historia vuelve a demostrar que en el escenario internacional no existen amistades desinteresadas, sino intereses permanentes. El caso de Navitas Petroleum en Malvinas es un recordatorio de que, por más alineamiento ideológico que se profese, las potencias y sus empresas mirarán siempre hacia otro lado cuando el beneficio económico coincida con la posición del Reino Unido. La soberanía, una vez más, queda supeditada a los negocios de quienes llamamos aliados."


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