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title: "Horowicz: “Milei pone en valor a toda la casta política, a todo el orden político, que vale menos que él todavía”"
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description: "El sociólogo y ensayista Alejandro Horowicz trazó un diagnóstico demoledor sobre Javier Milei y, al mismo tiempo, sobre el sistema político que hizo posible su llegada a la Presidencia. Sostiene que el Presidente retrocede pero la derecha no, que el progresismo perdió credibilidad porque su discurso dejó de corresponderse con las condiciones materiales de amplios sectores sociales y que el peronismo atraviesa “el agotamiento de una etapa histórica”. Su conclusión más incómoda excede al Gobierno: para Horowicz, Milei no es solamente el problema sino también la medida de la degradación de quienes fueron incapaces de ofrecer una alternativa."
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date_published: "2026-10-12T11:05:00-03:00"
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# Horowicz: “Milei pone en valor a toda la casta política, a todo el orden político, que vale menos que él todavía”

## Milei retrocede, pero la derecha conserva su espacio

Alejandro Horowicz no interpreta el momento político argentino como la sencilla historia de un gobierno que pierde apoyo y una oposición que espera beneficiarse de ese desgaste. Su lectura es bastante más severa porque ubica a Javier Milei dentro de una crisis que atraviesa al conjunto del sistema político y que lleva décadas desarrollándose. El Presidente puede perder imagen, acumular rechazo e incluso comprometer sus posibilidades electorales, pero eso no significa que el espacio social e ideológico que lo llevó al poder esté retrocediendo con la misma intensidad. ***“Milei personalmente está en retroceso, pero el espacio no”***, sostiene Horowicz al comparar el proceso argentino con el avance de las derechas en otros países de América Latina.

La diferencia entre Milei y el espacio que representa constituye una de las claves de su análisis. Horowicz observa que las derechas han conseguido avanzar mientras el progresismo perdió capacidad para transformar sus postulados en una experiencia material reconocible para buena parte de la sociedad. No atribuye esa pérdida de influencia simplemente a una campaña peor, a errores comunicacionales o al funcionamiento de las redes sociales. Su explicación apunta directamente hacia la distancia entre las promesas y los resultados: ***“El progresismo tiene un discurso que no se sostiene en la práctica real”.***

La definición se vuelve más contundente cuando abandona las categorías generales y describe la experiencia concreta de quienes escucharon durante años determinadas promesas políticas. ***“Si yo te explico a vos, vienen por tus derechos, y vos trabajás en un Rappi. Si yo te cuento a vos que la distribución del ingreso es todavía mejor que la del primer peronismo, y hay 30% de pobres. Si yo te cuento a vos que con la democracia se cura, se educa, se come, y no se come, no se cura, no se educa”***, enumera. Para Horowicz, esa contradicción terminó erosionando la eficacia de una narrativa que continuó reivindicando derechos y conquistas mientras una porción importante de la población verificaba una realidad diferente en su trabajo, sus ingresos, la educación o los servicios públicos.

## La distancia entre el discurso progresista y las condiciones reales

Su conclusión no deja demasiado margen para las soluciones puramente discursivas: ***“El progresismo cree que cambiando el discurso se cambian las condiciones. Pues bien, lo que la sociedad verifica es la enorme distancia entre el discurso y las condiciones reales”.*** Esa frase permite entender por qué Horowicz considera insuficiente responder al fenómeno Milei con una comunicación más eficaz de las mismas ideas. Si el problema está en la experiencia material y no solamente en la percepción, la reconstrucción política exige modificar esas condiciones antes que encontrar una nueva manera de describirlas.

La crisis tampoco comienza, en su interpretación, con La Libertad Avanza. Horowicz observa los últimos cincuenta años como una extensa pendiente descendente de la sociedad argentina. ***“Lo que vos ves mirando la tendencia del largo plazo, mirando en los últimos 50 años, ves una escalera descendente de la sociedad argentina. La ves descendente desde cualquier punto de vista, con cualquier indicador que lo mires”***, señala. Menciona la deuda externa, la relación con el producto, el tamaño de la economía y la distancia entre ricos y pobres como diferentes manifestaciones de un mismo deterioro.

## El hartazgo no se convierte automáticamente en voto opositor

Ese encuadre explica también su lectura sobre la creciente abstención y la pérdida de respaldo que sufren distintos gobiernos. Para Horowicz no existe necesariamente un movimiento pendular donde cada voto perdido por una fuerza se incorpora automáticamente a su adversaria. El rechazo puede conducir simplemente al alejamiento.***“Lo que nosotros vemos es un hartazgo y un rechazo no genérico de la política, sino de estas políticas en curso”***, sostiene. E inmediatamente precisa: ***“La política en general no existe. Existen las políticas en concreto, las que se aplican en cada tiempo y lugar”***. El problema de esas políticas, completa, es que ***“no sólo no resuelven, sino que agravan todos los términos de la crisis”.***

La misma lógica aparece cuando Horowicz lleva el análisis hacia el escenario argentino y las posibilidades de la oposición. La imagen que elige es particularmente clara: ***“Yo veo peceras que no se conectan, es decir, los votos que pierde uno no son votos que gana otro”***. El deterioro presidencial, por lo tanto, no construye por sí mismo una mayoría opositora. ***“Cuando uno ve la caída de popularidad de Milei, no ve un incremento en la popularidad de Axel Kicillof”, observa, aunque reconoce que el gobernador bonaerense demostró “una cierta capacidad de retención mayor que otros candidatos”***.

Para Horowicz, además, esa distinción obliga a observar qué ocurre dentro del propio espacio que acompañó a Milei. En ese contexto coloca a Patricia Bullrich como una posible alternativa de recambio y utiliza una definición deliberadamente provocadora: ***“Bullrich es el plan B, digamos, del poder real”.*** Su hipótesis es que una parte de ese electorado podría buscar continuidad política aun cuando Milei siguiera debilitándose. **“Ella está midiendo o igual o mejor que el presidente, pero sobre todo no tiene exactamente, por ahora, el mismo nivel de rechazo. Vamos a ver qué sucede a futuro”**, afirma.

## El peronismo y *“el agotamiento de una etapa histórica”*

El análisis adquiere otra dimensión cuando la entrevista se desplaza hacia el peronismo. Horowicz lleva décadas estudiando ese movimiento y no describe su situación actual como una crisis electoral circunstancial. Cuando le plantean si atraviesa una transformación, una crisis profunda o el final de una etapa, elige la última posibilidad: ***“Yo más bien me inclino por la última lectura, por el agotamiento de una etapa histórica”.***

Su argumento no parte de la cantidad de gobernadores, diputados, intendentes o votos que todavía conserva el justicialismo, sino de la comparación entre el movimiento nacido en 1945 y la estructura actual de la sociedad argentina. ***“Cuando uno mira el peronismo del 45 y las transformaciones que produjo en la sociedad argentina y mira la sociedad del mundo del trabajo de hoy, es como si el peronismo jamás hubiera existido. Todo lo que sucedió dejó de suceder”***, afirma. Y remata con una conclusión todavía más dura: ***“Un movimiento que produjo estas transformaciones y no fue capaz de defender ninguna de ellas, es muy claro cuál es su destino”.***

Por eso tampoco cree que el dilema pueda resolverse con la aparición de una candidatura inesperada. ***“Las sorpresas en el peronismo son pocas, pobres, y aparte la sorpresa sería un debate político”,*** sostiene. Lo que sigue es una de las críticas más directas al funcionamiento interno del movimiento: ***“El peronismo no discute ninguna otra cosa salvo candidaturas desde hace décadas”***. La frase desplaza nuevamente la discusión desde los nombres hacia el contenido: la incapacidad para discutir qué sociedad representa, qué transformaciones propone y qué balance realiza de sus propias derrotas aparece para Horowicz como un problema bastante más importante que determinar quién encabezará la próxima boleta presidencial.

Su interpretación del deterioro peronista también tiene una dimensión territorial y social. Horowicz señala las dificultades que enfrenta en Córdoba y Santa Fe y vincula buena parte de su fortaleza bonaerense con el peso político del AMBA y las estructuras municipales. Su diagnóstico vuelve a ser áspero: describe la transformación de aquel ***“partido dinámico de la clase obrera y de capas medias”*** en una organización crecientemente dependiente de sectores empobrecidos y aparatos territoriales. Incluso utiliza los 80 años del 17 de octubre para señalar la falta de debate: pregunta cuántas reflexiones produjo el propio peronismo sobre un acontecimiento que considera decisivo no sólo para su historia sino para la historia nacional.

## La izquierda, la honestidad personal y el problema del poder

Pero Horowicz tampoco encuentra automáticamente fuera del peronismo la alternativa que está buscando. Cuando le preguntan por **Myriam Bregman**, primero advierte sobre ***“una traslación mecánica entre imagen positiva y capacidad electoral”***. “Que alguien tenga una imagen positiva importante no supone que traccione votos de esa manera”, explica. Luego define a Bregman como ***“la izquierda de este orden político”,*** aunque diferencia claramente esa crítica política de una valoración personal: ***“No cabe ninguna duda de que la integridad personal de muchos de sus participantes no es igual a la del Partido Justicialista. Eso está claro. Y que Myriam Bregman es una persona que en lo personal es absolutamente respetable. Axel Kicillof también lo es”.***

## *“Un descompuesto corrupto como Milei”*

Es inmediatamente después cuando Horowicz pronuncia una de las definiciones más duras de toda la entrevista. Su argumento parte de la idea de que la sociedad tiene capacidad para reconocer las características personales de quienes compiten políticamente: ***“La sociedad lo sabe. La sociedad sabe quién es un corrupto descompuesto y quién no. Pero no es esto lo que define como pauta el comportamiento político general”**.*

Y a continuación dirige esa caracterización directamente hacia el Presidente: **“Esperan equivocadamente que un descompuesto corrupto como Milei sea al mismo tiempo el que sea capaz de transformar esto en otra, en una dirección distinta a la obvia”**. Horowicz no presenta la afirmación como un dato judicial ni como una descripción neutral, sino como parte de su evaluación política de Milei y de la expectativa que una porción de la sociedad depositó en él. La dureza de la expresión se completa con una observación que, para el ensayista, resulta todavía más significativa: **“Es notable, es casi milagroso, que conserve el nivel de adhesión que conserva”**.

## Desarme político, educación y degradación del debate

Lo que le interesa explicar, por lo tanto, no es únicamente cómo evalúa personalmente al Presidente, sino por qué un dirigente al que caracteriza de ese modo todavía mantiene respaldo social. Su respuesta vuelve a situar el problema por encima de Milei: ***“Esto nos hace pensar el nivel de desarme y despolitización que la sociedad argentina tiene para comprender sus propios problemas”***. Para Horowicz, esa despolitización no puede separarse del deterioro de la educación ni de la desaparición de debates sustantivos dentro de las propias fuerzas políticas. ***“La calidad de un debate político depende de la calidad de la educación pública. Cuando tuvimos educación pública de calidad, tuvimos debates de calidad. Hace un rato largo que no los tenemos”.***

La crítica se extiende hacia los gobernadores, a quienes observa negociando con el Poder Ejecutivo muchas veces por fuera de cualquier coherencia programática. Horowicz vuelve a utilizar palabras particularmente duras: ***“Cuando nosotros miramos los motivos de las votaciones de los gobernadores, que son públicos además, más bochornosos no pueden ser”***. Y sintetiza su interpretación en una frase que no distingue pertenencias partidarias: ***“El único principio que todos ellos poseen es el de sobrevivir. Más allá de ese, carecen de cualquier otro principio. Todas las fuerzas políticas, todas”.***

## La “mediocridad” de La Libertad Avanza

Hacia el final de la entrevista, cuando le preguntan si el próximo escenario electoral estará definido por la economía o por la llamada batalla cultural de **La Libertad Avanza**, Horowicz vuelve a endurecer su diagnóstico. ***“La Libertad Avanza es incapaz de dar cualquier clase de batalla en cualquier clase de terreno. El nivel de mediocridad de sus integrantes es lo peor de la casta”***, responde. No concede al oficialismo siquiera la existencia de una batalla cultural consistente, porque considera que buena parte de su intervención pública se redujo a trasladar al Estado el lenguaje agresivo y degradado de las redes sociales.

***“Cuando el lenguaje de las redes sociales, que es un lenguaje cloacal, se instala en el Poder Ejecutivo”***, señala, y ***“cuando la Casa Rosada habla exactamente igual que los ágrafos más, llamemos más, destruidos de este orden”***, lo que aparece ante sus ojos es ***“fundamentalmente una degradación general de toda la sociedad”***. Es allí donde Horowicz formula probablemente la conclusión más poderosa de toda la entrevista: ***“Milei pone en valor a toda la casta política, a todo el orden político, que vale menos que él todavía. Por eso, un hombre de estas características y de capacidades tan menguadas puede arrasar electoralmente”**.*

## Milei como medida de la degradación del sistema

La frase contiene el corazón de su interpretación. Horowicz no utiliza la supuesta mediocridad de Milei solamente para cuestionar al Presidente; la utiliza como vara para medir a quienes fueron derrotados por él. Si alguien con las características que le atribuye pudo imponerse electoralmente sobre radicales, peronistas, dirigentes del PRO, gobernadores y estructuras partidarias con décadas de historia, entonces el dato político relevante no reside únicamente en Milei. También está en el nivel de agotamiento del sistema que lo precedió.

Horowicz plantea esa disyuntiva sin demasiados matices: ***“Hay dos posibilidades analíticas. O estamos en presencia de un verdadero genio y nosotros no lo comprendemos, posibilidad A. O posibilidad B. Este es el nivel general de la sociedad argentina”.*** Cuando le preguntan por cuál se inclina, contesta:***“Por la segunda y de allí se sacan algunas conclusiones terribles”**.*

La principal de esas conclusiones es que la aparición de nuevos nombres no garantiza ninguna novedad política. ***“En un orden de despolitización general muy, muy fuerte, se espera que alguna caripela nueva exprese alguna novedad”,*** señala. La frase alcanza no sólo al mileísmo sino también a quienes imaginan que la respuesta puede surgir simplemente mediante un candidato sin pasado político o con una imagen mejor que la de los dirigentes tradicionales. La crisis, desde su perspectiva, no es de rostros sino de representación, de ideas y de capacidad para transformar las condiciones que produjeron el desencanto.

## Una crisis que excede a Milei

El diagnóstico de Horowicz termina siendo incómodo para todos. Milei puede estar retrocediendo, pero eso no implica que retroceda la derecha; el progresismo difícilmente podrá recuperarse mientras subsista la brecha entre sus promesas y las condiciones materiales; el peronismo conserva peso electoral, pero enfrenta para el ensayista ***“el agotamiento de una etapa histórica”***; la izquierda no consigue todavía convertirse en una alternativa de poder y los gobernadores aparecen atravesados por una lógica de supervivencia antes que por proyectos nacionales.

En ese escenario, Horowicz obliga a invertir la pregunta habitual. El interrogante no es solamente cuánto respaldo conserva Milei o quién puede derrotarlo. Lo decisivo es comprender por qué una sociedad profundamente insatisfecha pudo depositar expectativas de transformación en un dirigente al que él describe como un***“descompuesto corrupto”***, por qué ese dirigente todavía mantiene adhesión pese al desgaste y por qué quienes pretenden reemplazarlo no consiguen apropiarse automáticamente de los votos que abandona.

Por eso su definición final sobre Milei termina siendo, en realidad, una definición sobre la política argentina. Cuando sostiene que el Presidente ***“pone en valor a toda la casta política”*** porque ese orden ***“vale menos que él todavía”***, Horowicz desplaza la acusación desde el individuo hacia el sistema. La pregunta que deja abierta no es simplemente si Milei puede sostenerse, sino qué alternativa puede emerger de una sociedad que, según su diagnóstico, perdió buena parte de sus herramientas políticas para comprender y transformar sus propios problemas. Mientras esa respuesta no aparezca, cambiar un candidato por otro podría modificar el resultado de una elección sin modificar las condiciones que hicieron posible este presente.

**Alejandro Horowicz es sociólogo, ensayista y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.**Es autor de obras de referencia sobre la historia política argentina, entre ellas *Los cuatro peronismos* y *Las dictaduras argentinas*. Con una trayectoria que combina docencia, investigación, periodismo y ensayo, se ha especializado en el análisis del peronismo, las transformaciones sociales y la evolución del sistema político argentino.

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