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title: "La doctrina del subsuelo: cómo EE.UU. decide quién puede acceder a los recursos argentinos - Cap. III"
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description: "Del Informe Kissinger a la disputa por Vaca Muerta y el litio: cómo la retórica de la libertad convivió, durante cincuenta años, con una planificación estratégica sobre los recursos de América Latina."
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date_published: "2026-08-27T00:00:00-03:00"
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# La doctrina del subsuelo: cómo EE.UU. decide quién puede acceder a los recursos argentinos - Cap. III

**CAPÍTULO III DE III**

**Vaca Muerta, el litio y el caso CALF: la disputa llegó a Neuquén**

*Entre el RIGI, el memorando de minerales críticos y la presión de la Embajada estadounidense sobre una cooperativa neuquina por sus tratos con Huawei, la pregunta de fondo ya no es teórica.*

Argentina adquiere, en este mapa, una importancia difícil de exagerar. Vaca Muerta la convierte en uno de los grandes reservorios mundiales de petróleo y gas no convencional, mientras las provincias del norte integran, junto con Chile y Bolivia, una de las principales regiones productoras de litio del planeta. A eso se agregan cobre, uranio, potencial de tierras raras, capacidad agroalimentaria, agua dulce, territorio marítimo, infraestructura satelital y una posición estratégica en el Atlántico Sur y hacia la Antártida.

En agosto de 2024 ambos gobiernos firmaron un memorando de entendimiento que abarca cooperación en exploración, extracción, procesamiento, refinación, reciclado y recuperación de minerales críticos. El Departamento de Estado organizó además un encuentro dirigido a compañías estadounidenses y de países asociados para presentar oportunidades de inversión en litio y cobre argentino, incluidas las ventajas del RIGI, mientras un nuevo diálogo bilateral de seguridad energética incorporó de manera expresa las cadenas de suministro de minerales críticos a la agenda estratégica entre ambos países.

Nada de esto es ilegal ni constituye por sí mismo una prueba de intervención. Estados Unidos tiene pleno derecho a buscar inversiones, asegurar cadenas de suministro y defender los intereses de sus empresas, exactamente igual que China, Europa, India o Brasil pueden hacerlo. El problema aparece cuando la competencia económica deja de consistir en ofrecer mejores condiciones y empieza a transformarse en presión para determinar con quién pueden relacionarse las instituciones y las empresas argentinas.

**El caso CALF: de un chat de WhatsApp a la Cancillería**

Ese debate dejó de ser abstracto y llegó directamente a Neuquén. Desde abril de este año, la Cooperativa CALF avanza junto a la empresa china Huawei en distintas iniciativas: una red eléctrica inteligente, conectividad de fibra óptica de alta capacidad, desarrollos de inteligencia artificial e Internet de las Cosas, y un centro de datos Tier III dentro del Polo Tecnológico de Neuquén.

El 12 de julio, Andrew Dilts, agregado de Asuntos Económicos de la Embajada de Estados Unidos, se comunicó por WhatsApp con Sergio Fernández Novoa, gerente de TIC de la cooperativa, para plantear objeciones a esa expansión tecnológica.

Según la denuncia pública realizada por CALF y reproducida por numerosos medios patagónicos y nacionales, en esos mensajes se mencionó que el gobierno estadounidense estaba implementando una nueva política que restringiría o revocaría las visas de turismo y negocios de los dieciocho principales directivos de la cooperativa si el vínculo con Huawei avanzaba, y se consultó directamente si existía la posibilidad de cancelar la  iniciativa.

La cooperativa remarcó que su infraestructura combina proveedores de distintos orígenes —servidores estadounidenses, sistemas suizos, routers europeos— junto con electrónica china, y que la decisión respondía a una cuestión de costo y calidad, no a una alineación geopolítica.

El vicepresidente segundo de CALF, Carlos Quintriqueo, calificó la forma del contacto como una presión indebida y habló de hostigamiento hacia los directivos de la entidad. El conflicto escaló hasta la Embajada de China en Argentina, que cuestionó públicamente la postura estadounidense, y hasta el propio embajador Peter Lamelas, quien respondió formalmente a CALF confirmando que las comunicaciones de su agregado reflejaban fielmente la política de su país, sin plantear objeciones técnicas puntuales sobre el equipamiento cuestionado.

El 12 de agosto, Lamelas convocó a directivos de la cooperativa a una reunión en Buenos Aires y ofreció como contrapartida financiamiento blando y equipamiento alternativo. El episodio llegó incluso al Congreso Nacional, donde el 18 de agosto se presentó un proyecto de resolución expresando preocupación por esas comunicaciones diplomáticas.

El dato adquiere una dimensión especial porque CALF no opera en cualquier territorio: su expansión tecnológica está directamente vinculada con el área de influencia de Vaca Muerta, una de las reservas energéticas estratégicas más importantes del mundo. Sería excesivo afirmar que este conflicto prueba por sí solo un plan estadounidense para controlar la región, porque semejante conclusión necesitaría evidencia que hoy no tenemos.

Pero también sería ingenuo leerlo como una simple discusión comercial aislada del contexto, cuando la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 establece expresamente que Washington pretende reducir la presencia de competidores extrarregionales y utilizar su capacidad financiera y tecnológica para lograrlo.

La coincidencia entre el documento estratégico y la conducta diplomática concreta que vivió una cooperativa neuquina merece, como mínimo, una discusión seria sobre soberanía.

**China tampoco viene por filantropía**

Nada de lo anterior significa que Argentina deba reemplazar una dependencia de Estados Unidos por una dependencia de China, ni que Beijing actúe movido por solidaridad latinoamericana. China es una potencia mundial que protege sus cadenas de abastecimiento, busca mercados, recursos naturales, infraestructura e influencia diplomática, exactamente como corresponde esperar de un Estado que disputa posiciones en el sistema internacional.

Las inversiones chinas deben examinarse con la misma rigurosidad que las estadounidenses: condiciones financieras, transferencia tecnológica, seguridad de los datos, impacto ambiental, participación de proveedores locales, jurisdicción de los contratos y control sobre infraestructura crítica. Un dato de un data center, una mina de litio o un yacimiento no dejan de ser sensibles simplemente porque quien invierte provenga de Beijing en lugar de Washington.

Pero soberanía significa, precisamente, poder aplicar ese criterio a todos por igual. Si una tecnología china representa un riesgo concreto, ese riesgo debe demostrarse técnicamente y Argentina deberá decidir qué hacer al respecto. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar, entre países que se reconocen soberanos, es que una potencia extranjera pretenda determinar qué proveedor puede contratar una cooperativa neuquina mediante advertencias migratorias y presión diplomática directa sobre sus directivos.

**La pregunta que queda planteada**

Cincuenta y dos años después de aquel memorando firmado por Kissinger, lo más perturbador no es la existencia de una conspiración secreta capaz de explicar por sí sola toda la historia latinoamericana —esa lectura sería históricamente pobre, porque borraría las responsabilidades propias de las élites, los gobiernos y los dirigentes locales que participaron activamente de muchos de estos procesos—.

Lo perturbador es otra cosa: el documento demuestra cómo piensa una gran potencia cuando analiza una región que posee los recursos que necesita, y ese pensamiento reaparece con una continuidad notable en los documentos oficiales de hoy. En 1974 se hablaba de asegurar estabilidad en los países proveedores para proteger el acceso a materias primas. En 2025 la Casa Blanca habla de identificar recursos estratégicos, restaurar su preeminencia regional, desalentar la relación de los países latinoamericanos con determinados competidores y usar capacidad financiera y tecnológica para conseguirlo.

El vocabulario cambió, la Guerra Fría terminó y China ocupó el lugar que alguna vez tuvo la Unión Soviética, pero la pregunta de fondo sigue siendo extraordinariamente parecida: quién tendrá acceso a los recursos latinoamericanos, y bajo qué condiciones.

Por eso la discusión sobre China debería empezar por una pregunta que pocas veces se formula en la Argentina de Vaca Muerta y del litio. Cuando Washington advierte que Beijing pretende ejercer influencia mediante inversiones, controlar infraestructura estratégica y condicionar las decisiones de los países latinoamericanos, ¿está describiendo exclusivamente una amenaza china, o está reconociendo también la naturaleza de una competencia que Estados Unidos conoce perfectamente, porque la ha practicado durante décadas y la sigue practicando hoy, con nombre y apellido, sobre una cooperativa de Neuquén?

Argentina no necesita un nuevo tutor. Necesita relaciones comerciales con Estados Unidos, con China y con todo país dispuesto a invertir, comprar su producción o aportar tecnología, pero construidas alrededor de sus propios intereses nacionales y no de la competencia estratégica entre terceros.

Vaca Muerta debe servir para desarrollar la Argentina antes que para garantizar la seguridad energética de otra potencia, y el litio debe generar tecnología, empleo y valor agregado propio antes que limitarse a alimentar cadenas industriales ajenas.

La verdadera libertad de un país no consiste en que le permitan elegir el bloque que otro le indique. Consiste en que ninguna potencia pueda elegir por él.

*Fuentes: Memorando de Entendimiento Argentina–Estados Unidos sobre minerales críticos, agosto de 2024 (Departamento de Estado); denuncia pública de la Cooperativa CALF y comunicaciones reproducidas por Neuquén News, Diario de Río Negro, iProfesional, Canal 26 y Comercio y Justicia, julio-agosto de 2026; declaraciones del vicepresidente segundo de CALF, Carlos Quintriqueo, y del embajador de EE.UU., Peter Lamelas.*

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